Constantino, el protagonista de esta novela, completa sus estudios en filosofía con una brillante tesis sobre el tiempo, pero no consigue encontrar trabajo como pensador. Su tío, relojero, le contrata para dar cuerda a los 1.473 relojes de un palacio deshabitado con cerca de 300 salones. Igual que Spinoza se ganaba la vida puliendo lentes para gafas, Constantino disfruta del sencillo trabajo que le han asignado. Entonces aparece en escena una femme fatale, una doble de la actriz Louise Brooks. Willem Frederik Hermans hurga de forma sutil y divertida en el absurdo de la existencia con esta pequeña obra maestra de la narrativa europea.
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Copyright de la traducción © 2006 Gonzalo Fernández